Por Sergio Braguinsky Carrera
Una de las formas en las que la udgba se manifiesta como una agrupación viva y activa es organizando encuentros orientados a profesionales del diseño gráfico en los que se abordan temas relativos a nuestro hacer.
Si bien la organización de estos eventos está, como todo en la historia de la Unión, hecha a pulmón, es altamente gratificante cuando todo se da de la manera en la que transcurrió "Cada marca en su lugar", la jornada en la que el prestigioso colega Guillermo Brea pudo dar a conocer sus modos, sus pareceres y sus certezas. Y también donde supo dejar el sano espacio para la pregunta, para el cuestionamiento, para el diálogo; él me lo dijo en alguna reunión previa, cuando le dábamos forma a la cosa: "me gusta más charlar que dar charlas".

Guillermo Brea es una persona que sabe muy bien cómo hacer su trabajo. No titubea cuando está seguro de algo y suele ser tajante en algunos de sus enunciados. Su amplia experiencia en el universo de las marcas y de la identidad le da la autoridad que muchas veces da como resultado una escucha pasiva y embelesada. Él, lejos de quedarse en ese terreno cómodo, muestra su trabajo, lo desnuda frente a ojos críticos como los nuestros –sus colegas– y narra vivencias sin ocultar marchas, contramarchas, ajustes y pormenores de algo que muchas veces se nos enseña, a los diseñadores, en la encapsulada forma de un trabajo práctico, aislado por las paredes de un aula o un taller.
Tal es la fortaleza de su metodología y la convicción con que la aplica que cuando se lo escucha hablar aparecen como muy lejanos –y hasta absurdos– conceptos como "lindo" o "feo".
Guillermo aprendió, y enseña con su cátedra cada año, que la identidad de una organización, pública o privada, poco tiene que ver con el signo gráfico que la identifica. Que hay un complejo entramado de relaciones entre distintos actores ajenos al diseño (culturales, económicos, sociales, emocionales) que definen y determinan el escenario en el cual uno, como profesional, debe inmiscuirse y desarrollar su trabajo.


Trabajo que, como a él le gusta decir, se transforma en figuritas que son muchas veces lo que nos gusta ver a los diseñadores a la hora de anclar algunos de los dichos con los hechos. Y allí, Guillermo –mientras afuera ya llovía a cántaros– nos llevó de paseo por el proceso que dio como resultado a la concursada, discutida, sub o sobrevalorada, aplicada con más o menos tino marca Argentina, la cual, presentada por Brea, parece no haber podido ser mejor que lo que es. En realidad, lo que queda claro –aunque pueda pellizcarnos el orgullo– es que la marca es necesaria pero de ningún modo determinante del éxito del proyecto y que el trabajo estratégicosubyacente es el verdadero meollo de la cuestión (Guillermo y su estudio están trabajando actualmente en una marca para una región delUruguay y ha trabajado en la marca Honduras).


Luego, el paseo siguió por el brillante, si se me permite el calificativo, trabajo realizado para el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires en épocas de Ibarra. Vale decir que es un trabajo gigante que no es de autoría exclusiva de Brea pero en el que él tuvo la responsabilidad de dirigir a un equipo de gente encargada de dotar a la ciudad de un sistema visual sólido y coherente, saliendo airoso en terrenos tan variados como los avisos en periódicos, revistas, ambulancias del SAME, los afiches de cientos de campañas distintas, la web, los impuestos y los carteles de obra.
A riesgo de ser ingenuo, este cronista no encuentra razones válidas por las que se debió haber cambiado ese discurso gráfico por los que lo prosiguieron. Será que aún no queda clara la diferencia entre lo estatal y lo partidario...
Y, cuando el tiempo se acababa, Brea dedicó algunos minutos a un trabajo ajeno: la campaña presidencial de Barack Obama. Ejemplo, según Guillermo, de un extraordinario trabajo de posicionamiento e identidad que dio como resultado que el senador fuera llevado casi al valor de un ícono heroico (sus eslóganes y piezas gráficas fueron tan potentes como esperanzadores) en contraste con el conservadurismo de los republicanos, McCain a la cabeza, que no atinaron a mucho más que a garantizarle a la población seguir los pasos de Bush.
Es evidente que hay una distancia entre el Obama del "We can" ("Nosotros podemos", uno de los eslóganes utilizados) y el Nobel de la Paz que sigue mandando tropas a Medio Oriente, así como seguramente hay un trecho entre la Argentina cuya estudiada imagen y estrategia condensa su propia marca país y la Argentina cotidiana que todos vivimos y, sin duda, Buenos Aires tenía baches y problemas habitacionales cuando su identidad institucional era cuidada y pensada. Pero es en ese trecho, que separa el decir/mostrar y el hacer (algunas veces cuestionable y contradictorio; otras veces en sintonía), donde, en cierto punto, nos movemos quienes trabajamos con la imagen. Allí es donde Guillermo Brea construye su experiencia.
Y lo bueno es que no tiene problemas en compartirla –y discutirla– con quien quiera escucharlo.

